“Señorita Pérez, acuda a la caja 3”. Estas palabras despiertan en algunas personas los instintos más primitivos que tenemos.
Os cuento. El pasado lunes estaba haciendo la compra con mi hija Irene, y después de coger los correspondientes yogures bebibles, zumos y demás, nos dirigimos a pagar la compra. Había cuatro personas esperando en cada una de las dos cajas que estaban abiertas, así que me puse detrás de dos señoras que tenían poca compra en su cesta. Aparentemente eran señoras tranquilas, que simplemente estaban realizando la compra diaria. Pero estaba equivocado. De repente la cajera levanto la mirada hacía nosotros, y comprobando la longitud de las colas, dirigió su boca hacía el micrófono, momento en el que empecé a oír un rugido en aumento procedente de las señoras que me precedían. “ …..Perez……3….. “(no pongo lo que dijo porque fue imposible oírlo, pero entiendo que fue la frase con la que he empezado el post de hoy. Comenzó una carrera de obstáculos hacía la caja 3, en la que nada quedó en pié. Lo más grave no fue que todos los chicles y demás chocolatinas ubicados en los exponedores de la compra compulsiva se vinieran abajo, sino que en la lucha encarnizada por hacerse con la pole position en la caja tres, una de las señoras propinó a la otra un codazo en plena nariz, del que, por lo que cuentan en el barrio, todavía no se ha recuperado.
A mi hija Irene le dije que los mayores también jugamos para divertirnos (que le voy a decir)
Para que luego digan que sólo/solo en el coche nos comportamos como animales

